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El Ruso Ramenzoni no se rinde: el pibe que vendía billetes de lotería y terminó como obrero del ascenso
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El Ruso Ramenzoni no se rinde: el pibe que vendía billetes de lotería y terminó como obrero del ascenso

Vuelo 385 Bis de Aerolíneas Argentinas. "El que no salta es alemán", cantan la tripulación y los pasajeros enardecidos, liderados por Diego Maradona. A 12 mil pies, el pájaro mecánico parece venirse abajo mientras un Ruso Ramenzoni tímido y mareado por las sacudidas le pide permiso a Don Julio Grondona:

-¿Me presta la Copa del Mundo?

-¿Por qué? ¿La ganó usted? — repregunta a cara de perro el Presidente de la AFA, que no quiere soltar el trofeo mundialista 1986, pero lo cede cinco segundos.

Final feliz: el rubio eterniza la gloria con una foto abrazado al santo grial futbolero en aquel avión que surca México rumbo a Ezeiza. Recuerdo de su primer Mundial in situ, la antesala a más de media docena de mundiales antes de convertirse en el obrero del Ascenso, en soldado de los tablones endebles.

El tipo está construido de fango, de trincheras de alambre y madera, de vivencias en potreros imposibles, de millas de cabotaje. Se salvó "por un pelo", por ejemplo, en aquel salvaje Chacarita-Comisión de Actividades Infantiles, en 2005, en que los barrabravas agredieron a dirigentes e ingresaron alienados a la cabina...

Poner el cuerpo es su especialidad. Tiene la piel curtida de tormentas y de insolaciones, del Zonda perforando el esqueleto en plena transmisión en San Juan. Fuetestigo de explosiones y sangre en estadios, como la tarde de 2002 en Sarandí en que cedió parte de la vieja estructura de hierro de Arsenal y se derrumbó un sector de plateas y las cabinas de prensa.

"Me acuerdo que se partió un vidrio y yo salí ileso, pero José Jozami quedó herido, tuvo un corte en la frente", evoca milimétrico a los 73 años Eduardo Ramenzoni, porteño nacido el 8 de octubre de 1952, que calcula más de tres mil partidos presenciados e incontables improperios a su madre y escupitajos como souvenir en su saco.

Anda nostálgico después de que el Comité Ejecutivo de la AFA oficializara que los partidos de la Primera Nacional, la B Metro y algunos partidos de la Primera C se transmitirán mediante el stream de LPF Play. "Fueron 28 años, de cancha en cancha, de provincia en provincia. No guardo rencor. A reinventarse", escribió antes de la catarata de "viudos" que lo lloran en redes.

-Para tu carta de despedida elegiste el camino de la conciliación antes que el de la bronca...

-Es que ellos tienen todo su derecho. Lo que pasa es que siempre los perjudicados somos los laburantes... Para hacer una transmisión del Ascenso tenés que conocer las instituciones, los jugadores, las canchas. Yo invertí mucha vida...

-Ahora, ¿cómo sigue tu futuro laboral?

-Haciendo las transmisiones del Fútbol de primera para el exterior, algo a lo que me dedico hace una década. El empleador es Torneos, que tiene los derechos y comparte con TyC, quien coloca la señal internacional para que se emitan los partidos.

-Muchos de los que "te lloraron" en redes subrayaban que se sabe poco y nada de tu vida. Contanos de dónde venís...

-Fui hijo único de una pareja de bancarios, Pedro Eduardo y Adela Inés. A mi vieja le costó mucho parirme, tanto que nací con fórceps y ella decidió no tener más hijos. Crecí en Nicaragua 5531 hasta los ocho años.

-¿Intentaste ser futbolista antes que periodista deportivo?

-Mi viejo era de San Lorenzo pero me llevó a probar a Vélez y quedé. Era delantero. Jugué en octava y novena en épocas del Colorado Giúdice y Vélez campeón 1968. Pero no era lo mío. El 3 de agosto de 1973 murió mi viejo de un ataque al corazón con sólo 55 años. Mi cabeza no estaba en ningún lado. Y empecé una larga búsqueda... ¿Tenés tiempo?

De Terrabusi a las canchas

No tiene reparos en blanquear su simpatía por Racing desde 1961, gracias al equipo de Corbatta, Pizzuti, Mansilla y compañía. Fue un amigo de su padre quien le obsequió camiseta y short blanquiceleste y lo empujó a traicionar el legado sanlorencista paterno.

Pudo haber sido ingeniero mecánico, pero prefirió la geometría, la termodinámica y la física del fútbol. En los setenta, Ramenzoni intentó el ingreso al Carlos Pellegrini, terminó cursando el secundario en Hipólito Vieytes y luego se anotó en Ingeniería en la UBA, carrera que cursó por casi dos años.

Su primer trabajo, gracias a la mano de su padre, fue en la empresa Ripco, que pertenecía al Citibank, y en donde codificaba cheques. Después se empleó en el Boston, pero el servicio militar obligatorio en la Marina cambió el camino.

Entre los martirios sufridos en esos 14 meses de colimba nunca pudo olvidar el día que se escapó a tomar algo a la Ciudad Deportiva y un oficial apodado "Mosaico" (por lo cuadrado) lo mandó a lustrar la vía del tren.

Un día de 1973 cumplía guardia en la Dirección de Abastecimientos Navales cuando un amigo lo fue a buscar para darle la peor noticia, la muerte del padre, lo que provocó un derrumbe en ese Ramenzoni lleno de sueños. Al terminar la colimba, la urgencia lo obligó a un paso impensado: vender billetes de lotería.

"Tenía un Citroën todo hecho pelota en el momento en que empezó a estar en auge la lotería chaqueña, la lotería de Santa Fe, la de Chubut. Yo recorría los kioscos, dejaba los billetes y los retiraba otro día. Lo hice hasta 1978 o 79", recrea melancólico en San Telmo, mientras suenan tangos de fondo en Plaza Dorrego y se deja atravesar por una lluvia sutil.

Vendedor de artículos de limpieza en almacenes, redactor de Diario Popular y luego de La Razón... el periplo laboral tuvo sus curvas antes de la aparición decisiva de Marcelo Araujo y Víctor Hugo Morales. Entre los capítulos más coloridos está el contrato como vendedor suplente de Terrabusi, época enque atravesaba el Conurbano ofreciendo "Boca de dama, Lincoln, Melba, todos productos que se vendían solos".

Su llegada al periodismo

Fue en una charla existencial en un bar de Mansilla y Coronel Díaz que su amigo Roberto Leto lo encaminó al periodismo. "No sé para dónde salir", le confesó al hombre del bigote sobre sus dudas vocacionales y su intención de abandonar la universidad.

"Yo estoy haciendo el curso de Periodismo en el ICI. ¿Por qué no me acompañás? ¿Por qué no venís conmigo a la cancha?", preguntó Leto. Lo que siguió fue "un bichito que picó fuerte".

"Empecé a acompañarlo a los partidos del Ascenso, y a Radio Antártida, y me vinculé con los equipos, con los colegas. Arranqué laburando en Popular, después La Razón. Para que te des una idea del mundo de ese entonces, pocas canchas tenían un teléfono", explica. "La Razón pagaba una línea en Temperley para que nosotros pasáramos los datos. 'Acá El Ruso, incidencia, cinco minutos y amonestaron a tal. Pum, otro llamado, 18 minutos y gol de Temperley'. Después nos íbamos a escribir el comentario para la quinta edición del domingo".

"Necesito un productor para la radio", le dijo Marcelo Araujo en 1981, y "El Ruso" arrancó una tarea artesanal, casi de orfebre en discados eternos a figuras del deporte. "La mesa era un dream team. Víctor Hugo, Néstor Ibarra, Fernando Niembro, Guillermo Salatino, Adrián Paenza, Marcelo Araujo y Juan José Lujambio", enumera.

"Tenía asistencia perfecta, pero el 3 y 4 de noviembre no fui a las prácticas y el 5 reaparecí. Bilardo me ve llegar, me para y me pregunta: '¿Por qué no viniste?'. Le explico: 'Carlos, fui papá'. Y el tipo contesta: '¿Y qué? ¿Fuiste vos el que pariste?'.

En 1986, cuando Victor Hugo pasó a Radio Argentina -tenía los derechos del Mundial- le siguió los pasos y viajó a México con ese equipo que integró la mítica transmisión del Barrilete cósmico.

El día que se bajó del Mundial 2014

Abuelo de Lola y padre de Lucila, Carolina y Camila -una asistente social, otra socióloga y psicopedagoga y la menor productora de LN+-, El Ruso intenta camuflar un dolor, pero no puede: la pérdida de Azucena, el amor de su vida, que murió en 2019 y a quien Roberto Leto le había presentado el 2 de junio de 1978.

Gran parte de su vida puede contarse en Mundiales. Desde Argentina 1978 a Qatar 2022, Ramenzoni cubrió la mayoría de las Copas del Mundo desde el lugar de los hechos. "No viajé en 1982 a España, ni a Corea y Japón 2002, pero sí a México 1986, Italia 1990, Estados Unidos 1994, Francia 1998, Alemania 2006, Sudáfrica 2010", recapitula. "En 2014, cuando estaba todo listo, un mes antes de viajar a Brasil, le detectaron el melanoma a Azucena y me bajé... En 2018 no fui porque ella ya no estaba bien".

Hoy se refugia en los amigos de siempre, con los que jugaba picados en Palermo, Roberto Leto, Walter Nelson, Tití Fernández, y confiesa que logró amistad con algunos ex futbolistas como Jorge Burruchaga, Rubén Paz, El Pato Fillol y Néstor Fabbri.

Hay una regla de oro que aprendió de Marcelo Araujo y le transmite a los más jóvenes: "Muchachos, el área es de los relatores, el fuera del área es de los comentaristas".

-¿Sos de volver a escucharte, de hacer autocrítica?

-Sí. Soy detallista. Me escucho y digo: ¿Por qué dije esto?, pero en el fragor de la transmisión decís alguna cosa con la que después no estás de acuerdo. A lo mejor utilizo una palabra que no corresponde y me quedo pensando ¿por qué utilicé esta palabra?

-¿Alguna vez te "saltó" la térmica en medio de una transmisión?

-Algún carajo dije. Pero cuando Fontanarrosa habló de las malas palabras en el Congreso de la Lengua Española nos abrió la cabeza a todos. Son necesarias, parte del idioma. Lo que pasa es que también hay una degeneración del idioma y eso no me gusta.

-¿El estadio de ascenso más lindo?

-El de la Tacita de Plata, Jujuy, el del Club Atlético Gimnasia y Esgrima.

-¿Guardás camisetas u objetos valiosos de momentos históricos de fútbol?

-¿Dónde están?

-Por las dudas, en casa no. Están bien aseguradas. Son mi tesoro. ¿Sabés de qué me arrepiento?

-¿De qué?

-Entrevisté a Diego con mi grabador en el Mundial 86, y me contó lo que le pasaba por la cabeza en cada segundo que recorría el campo de juego. ¡Nosotros no teníamos noción de la repercusión de lo que estábamos grabando! La nota no la encontramos más. Y pienso que a lo mejor fui a un partido del ascenso y grabé a otro arriba de esa nota. Por ahí un jugador de Chicago o de Armenio borró la voz de Maradona.