Finales de los años 40. El italiano Aldo Fenoglio deja su Turín natal para recalar en Argentina. Primero va a Rosario y no le gusta. Prueba suerte con Mar del Plata y siente que no es su lugar. Y esta vez la tercera no es la vencida ya que tampoco lo convence Mendoza. Es un piamontés resuelto, con convicciones y, sobre todo, con un oficio así que no se da por vencido. Aldo finalmente se encuentra a gusto en Bariloche donde instala la primera chocolatería del país.
Su desembarco en la Patagonia es un antecedente crucial en la constitución de Bariloche en la capital argentina del chocolate. Si a Aldo lo hubieran conmovido más las olas del Atlántico o el Aconcagua que las montañas, los bosques y los lagos, la ruta nacional del más popular producto del cacao sería otra.
Los Fenoglio, la familia que en Argentina creó el chocolate en rama y los expansivos Franuí
El gen de la inventiva y el del emprendedurismo están asociados, aunque no necesariamente coexisten. Los Fenoglio se pueden jactar de los dos. Hay una sensación que todo amante del chocolate adora: es tener una lámina frágil y crujiente en el paladar que se funde suave apenas al entrar en la boca. Esa sensación se la debemos a Aldo.
Como suele suceder con otros grandes hitos culinarios, la invención del chocolate en rama fue un hecho fortuito hace alrededor de 70 años. Leticia Fenoglio, nieta de Aldo y co-fundadora de Rapanui y Franuí, conoce muy bien la anécdota familiar: “Mi abuelo estaba con una espátula limpiando el chocolate que había quedado en su mesada. Le llamó la atención la forma que iba quedando, similar a la rama de un árbol. Fue un instante: lo probó y le gustó la textura. Así que lo inventó así, por accidente”, dice.
Hablamos de toda una postal comestible barilochense, souvenir obligado para generaciones enteras de egresados de quinto año y turistas de todo el país que visitan esas coordenadas. Artesanal, rústico y local, el chocolate en rama es todo un símbolo de la tradición chocolatera argentina que reprodujeron decenas de firmas del sector. Pero la inventiva Fenoglio tenía más para dar.
Casi seis décadas después fue Diego, el hijo mayor de Aldo -quien ya había salido de la empresa familiar para fundar la propia, Rapanui- quien tuvo un rapto de inspiración. Un día de 2013, camino a su casa desde el trabajo, se puso a pensar qué hacer con la enorme cantidad de frambuesas que había en su jardín. El invierno patagónico las había congelado y se le ocurrió darle dos baños de chocolate: el primero blanco y el segundo negro.
Las primeras pruebas las hizo con sus colaboradores y con su hija Leticia. El método le daba todo el poder al lenguaje universal del paladar. “Abrí la boca y cerrá los ojos”, les decía Diego a sus conejillos de Indias. Trece años después sabemos que la reacción entusiasta ante esas primeras degustaciones de Franuí se siguió replicando de forma vertiginosa a miles de kilómetros de allí.
El secreto de su éxito no es sólo la fruta cubierta de chocolate. Es el contraste: la frambuesa congelada (recomiendan consumir el producto una hora después de sacarlo del freezer) garantiza acidez y firmeza. Y el doble baño -primero blanco, luego negro- genera una cápsula crujiente que se quiebra antes de liberar el interior frío y ligeramente ácido.
Franuí, un argentino que es ciudadano del mundo
Hoy Franuí es una suerte de embajador patagónico global que cada año demanda el cultivo de 6 mil toneladas de frambuesas para su producción. A nivel mundial se comen 39 toneladas de este producto por día, y tan sólo el 12 por ciento de esa cifra, corresponde a la Argentina.
En nuestro país funcionan dos fábricas que abastecen a once países de la región. Y en Valencia (España), otra que produce para otros 42 países de Europa, Asia, Oceanía y África -están en Marruecos y en breve llegarán a Egipto-. Es un producto que se comercializa en diferentes versiones desde la clásica hasta la free (sin azúcar, TACC y lácteos). El año pasado, en Francia el lanzamiento de la variedad pink (con chocolate blanco y una cobertura de chocolate sabor frambuesa) fue en el Arco del Triunfo. En ese país europeo este postre nacido en nuestra Patagonia se hizo viral.
“Pasó lo mismo que con el chocolate Dubai en el mundo. Esteban Ocon, el corredor de Fórmula 1 hizo un TikTok que explotó. Estuvimos en el prime time de la televisión francesa y hasta llegamos al diario Le Monde”, cuenta Leticia Fenoglio. Un artículo publicado el 26 de enero de 2025 en ese periódico habla sobre el fenómeno Franuí: generó una “verdadera caza del tesoro en los supermercados franceses, impulsada por su viralidad”, dice.
Francia es uno de los 14 países en que se popularizaron de la mano de Starbucks, empresa con la que hicieron un acuerdo estratégico, al igual que con la cadena europea de salas de cine Pathé. “Muchas veces tuve que ir al mapa a ver donde quedan los lugares donde empezamos a vender Franuí. Como Georgia o Kazajistán que son países que desconocía. Aprendí un montón”, cuenta la cofundadora de la empresa.
Cómo se hace Franuí: los secretos de la elaboración
Con el éxito no tardaron en llegar las imitaciones. Desde cadenas de supermercados hasta heladerías y empresas especializadas en alimentos congelados reprodujeron el bocado suceso. En algunos casos usando baño de repostería (elaborada con cacao en polvo y grasas vegetales) en vez de chocolate genuino. El original está elaborado con chocolate artesanal y una variedad de frambuesa cuyo nombre está guardado bajo 7 llaves. “Es una especie particular con un determinado tamaño y un nivel de acidez que va perfecto con el chocolate”, explica Leticia Fenoglio.
Los Franuí producidos en Argentina llevan frambuesas nacionales y los que se hacen en Valencia, frutos europeos de la misma variedad. ”Hasta ahora no hay una sola empresa que nos haya copiado que se dedique al chocolate, sino que lo hacen por negocio y eso se nota en la diferencia de calidad. No nos pueden igualar nunca que fuimos los creadores del producto. Hasta Franuí nunca hubo chocolatero que en su mente pudiera combinar dos productos que se repelen como el agua -que la frambuesa tiene en cantidad- y el chocolate”, argumenta.
Si son los primeros del mundo en conseguir esa hazaña es un dato es difícil de comprobar pero lo cierto es que cubrir fruta congelada no es un procedimiento sencillo. El alto contenido de agua exige precisión en la temperatura del chocolate para evitar que se cuartee o pierda brillo. Y la doble capa no es solo un gesto estético: también estabiliza la cobertura y equilibra dulzor y acidez. La novedad es que Rapanui está haciendo pruebas para que la familia de productos Franuí crezca, incluso reemplazando la frambuesa por otras frutas.
En su etiqueta Franuí tiene una leyenda que dice “Born in Patagonia, raised in the world” (Nacido en Patagonia, criado en el mundo). “Nosotros llevamos la bandera de la Patagonia adonde vamos. Es una gran responsabilidad. Y los argentinos que andan repartidos por el mundo, que son muchos, son los primeros que los compran y los difunden. Este año estimamos llegar a más de 60 países”, anticipa la CEO de Rapanui y Franuí.