GINEBRA – No sabemos cuándo golpeará la próxima epidemia o pandemia, ni dónde surgirá la próxima amenaza infecciosa. Pero sí sabemos que la naturaleza de la amenaza está en constante evolución. Una de las conclusiones más inquietantes de la Conferencia de Seguridad de Múnich de este año fue que la edición genética habilitada por inteligencia artificial ha reducido radicalmente la barrera para desarrollar armas biológicas modificadas genéticamente. Debemos prepararnos para convivir con una incertidumbre aún mayor sobre si las amenazas infecciosas emergentes son naturales o creadas por el ser humano, y si han sido liberadas de manera accidental o deliberada.
En una conferencia típicamente dominada por la geopolítica y la amenaza de conflictos armados, la perspectiva de armas biológicas desarrolladas por actores no estatales orientó la conversación hacia el tema desatendido de la seguridad sanitaria global. Los responsables de políticas públicas ahora se están concentrando en qué capacidades tenemos y qué capacidades adicionales necesitaremos para detectar y responder a esta amenaza, como corresponde.
Por supuesto, desde una perspectiva de salud pública, puede que en última instancia sea irrelevante si un patógeno infeccioso es creado por el ser humano o liberado deliberadamente. Lo que más importa para quienes estamos preocupados por salvar vidas y proteger la salud es estar preparados y ser capaces de detectar y responder a amenazas infecciosas dondequiera —y comoquiera— que surjan.
Afortunadamente, desde la pandemia de COVID-19 se han logrado algunos avances para fortalecer nuestras defensas colectivas contra las amenazas infecciosas. Hace poco menos de un año, los Estados miembros de la Organización Mundial de la Salud votaron para adoptar el Acuerdo sobre Pandemias de la OMS, y aunque las negociaciones sobre los detalles más finos continúan, al menos sabemos que todavía existe demanda —si no un consenso— de cooperación multilateral en esta cuestión crítica.
El desarrollo es poder duro
Estos recortes nos ponen a todos en riesgo. Más bien, necesitamos significativamente más financiamiento para abordar infecciones emergentes y reemergentes y amenazas de bioterrorismo, incluso mediante intervenciones que pueden —y deben— adoptarse ahora para fortalecer nuestra preparación.
Por ejemplo, existe una necesidad urgente de una coordinación más estrecha entre las estructuras de preparación y respuesta. Lo sé porque una de mis primeras experiencias como directora ejecutiva de Gavi fue abordar la emergencia de Mpox en 2024, y porque me desempeñé como miembro del gabinete en Pakistán durante la respuesta al COVID-19. En ambos casos, quedó claro que solo una respuesta extensa y multisectorial sería eficaz.
Una segunda necesidad inmediata es contar con un mecanismo formal de planificación conjunta, probado regularmente, para investigadores, financiadores, reguladores y fabricantes. Debemos asegurar no solo que las contramedidas médicas se desarrollen con rapidez, sino también que sean probadas, aprobadas, accesibles y escalables con poca antelación. Todo este trabajo requiere mecanismos específicos de financiamiento. Sin los incentivos adecuados, las inversiones en contramedidas médicas contra amenazas infecciosas de bajo riesgo pero de alto impacto no alcanzarán la escala necesaria.
El papel de Alemania en una Europa post-estadounidense
En tercer lugar, necesitamos con urgencia añadir nuevas competencias al sistema de salud global para cultivar la bio-resiliencia frente a la IA. Al utilizar la inteligencia artificial para la detección y la predicción, podemos aprovechar el potencial de la tecnología para contrarrestar la amenaza que representará en manos de actores malintencionados. Dada la tendencia actual a reducir el tamaño de las instituciones de salud global, esta dimensión adicional no debe ser olvidada.
Del mismo modo, debemos seguir centrados en garantizar la disponibilidad de financiamiento de respuesta rápida para epidemias y pandemias a gran escala. Con ese fin, Gavi estableció recientemente un nuevo instrumento —el Fondo de Primera Respuesta— para proporcionar financiamiento rápido en caso de brote o emergencia. Este instrumento ya desempeñó un papel clave en el despliegue rápido de vacunas contra Mpox en África.
Pero todavía necesitamos un mecanismo previsible que proporcione liquidez adicional para el tipo de despliegue a gran escala de contramedidas médicas que sería necesario en respuesta a una amenaza infecciosa diseñada con potencial pandémico. Los bancos multilaterales de desarrollo podrían desempeñar un papel clave.
Sania Nishtar es directora ejecutiva de Gavi, la Alianza para las Vacunas.
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