Desde el Paleolítico, hace unos 35.000 años, hasta la actualidad, existe la labor del escultor. Las Venus paleolíticas son las piezas más reconocidas de entonces: pechos grandes, de marfil, piedra o hueso. Luego, en Occidente, vinieron las esfinges, los retablos cristianos, las piedades renacentistas, el váter de Marcel Duchamp... Y, ahora, ¡las mil caras de Nacho Díaz!
El cine español está repleto de artistas e inquietudes, como se plasmó en la 40.ª edición de la gala de los Goya. Pero no hay tantos cuyo trabajo consista en adaptar las facciones y los cuerpos de los protagonistas, reales o imaginarios, con tal de dotar a las películas de ese aura que te sumerge en la trama por completo. A ello se dedica, entre otras muchas tareas, Nacho Díaz, referente nacional e internacional en caracterización y efectos especiales (FX).
En una conversación con este diario, Díaz profundiza en las características de un trabajo que le ha brindado cuatro Goyas y dos Gaudí, además de reflexionar sobre el no uso de la inteligencia artificial (IA) en el diseño de sus personajes. El artista también radiografía en pocas palabras las principales reivindicaciones de su departamento y el récord Guinness que persigue, junto a Joaquín Reyes.
“Ahora mismo no hemos notado consecuencias directas, aunque viene pisando fuerte”, sentencia Nacho Díaz cuando se le pregunta por la inteligencia artificial (IA). El especialista es escéptico sobre el mantra de la sustitución humana por la IA en los trabajos artísticos. “No nos lo ha quitado”, añade. Díaz va más allá y asegura que “lo fuerte” que tiene su departamento “es la imaginación”, sobre todo cuando se trata de diseñar personajes que no existen.
Sin embargo, reconoce que “es un poco más de convicción”. Por ello, Díaz afirma rotundamente que no usa la IA para diseñar personajes, aunque admite que esta herramienta “puede facilitar una consulta”. Conforme se adentra en la conversación telefónica mantenida con este diario, el artista reconoce que la IA le asusta: “Va a acabar con el arte, me preocupa mucho, creo que es el fin de la humanidad”. Sea como fuere, el caracterizador sentencia que apoya “el arte, a los artistas y a los artesanos”.
Una de las reivindicaciones que explica Nacho Díaz en relación a su profesión tiene que ver con los tiempos de trabajo. Las producciones audiovisuales, a grandes rasgos, pueden clasificarse en preproducción, producción (o rodaje) y postproducción. Los caracterizadores, como Díaz, intervienen en las dos primeras fases.
Pone el ejemplo de Gaua (Paul Urkijo, 2025), película por la que estaba nominado este 2026 junto a Patricia López y Paco Rodríguez H. “En Gaua, arrancamos cuatro meses antes del rodaje”, explica Díaz. ¿Pero qué hace un maquillador de FX sin actores ni actrices a los que maquillar? En primer lugar, diseñan la caracterización del personaje, y una vez se ha escogido el casting, “sacamos los moldes de los actores y actrices y, a partir de ahí, empieza nuestro proceso”, relata.
Por ello, Díaz señala que su departamento “tiene preproducciones muy largas”, distintas a otros equipos técnicos. No obstante, el artista señala que “ha costado mucho” que los tiempos calen en el engranaje de las producciones españolas, a diferencia de otras industrias extranjeras. Otra distinción entre países es la cuestión monetaria. “Los mayores hándicaps que tenemos, el tiempo y el dinero”, señala el caracterizador.
El maquillador, a lo largo de sus más de 25 años de trayectoria, ha creado personajes desde lo más profundo de su imaginación, desde referencias históricas o desde una combinación de ideas. En este tiempo, hay un actor (y amigo) al que le ha convertido en más de 350 personas distintas: Joaquín Reyes ha sido mimetizado por Nacho Díaz en personajes tan diversos como Puigdemont o Greta Thunberg, pasando por Manuela Carmena.
Para los espectadores de a pie, los llamados premios técnicos son los más farragosos de las galas de cine porque premian a quienes no tienen rostro en la gran pantalla. No obstante, poseen una curiosidad que no se repite en el resto de categorías: los integrantes de los departamentos artísticos, en ocasiones, están nominados un par o tres de veces en un mismo año por proyectos distintos.
Este 2026, la 40.ª edición de los Premios Goya ha contado con seis de estos profesionales que repetían candidatura en una misma categoría. Nacho Díaz, protagonista de esta pieza en Infobae, estaba nominado por El cautivo, por la que se llevó el Goya,y Gaua. También optaban doblemente al galardón el equipo de sonido de El cautivo y de Los tigres, Gabriel Gutiérrez y Candela Palencia, y el de efectos especiales de Un fantasma en la batalla y Gaua, Jon Serrano y Mariano García Marty. Finalmente, fue Ana Rubio, quien se llevó el Goya a mejores efectos especiales por Los tigres, aunque también estaba nominada por Enemigos.
“Hay años que he tenido menos proyectos porque se juntan algunos muy complejos y otros que son pequeñas aportaciones”, explica Díaz. Para contextualizar, el especialista trabajó en ocho producciones en 2025, entre ellas, Anatomía de un instante. En 2024, había trabajado en 12 proyectos nacionales e internacionales.
Esta casuística (alto volumen de trabajo y varias nominaciones posteriores) es común en los departamentos técnicos, aunque no se repetía tal volumen de candidaturas dobles desde 2001, cuando Pau Costa, Raúl Romanillos, Félix Bergés, Alfonso Nieto, James Muñoz y Jaime Fernández fueron nominados un par de veces en la misma sección. En los últimos 25 años, también ha habido tres ocasiones en las que una misma persona ha sido nominada tres veces por la misma especialidad.
En el 2000, Reyes Abades optaba al galardón por Mejores efectos especiales por Goya en Burdeos, La ciudad de los prodigios y La mujer más fea del mundo (ganó la única cinta por la que no estaba nominada, Nadie conoce a nadie). Abades tuvo una segunda oportunidad en 2007, cuando volvió a ser triplemente nominada por Alatriste, Los fantasmas de Goya y El laberinto del fauno (esta vez se lo llevó por este último filme, junto a otras cinco personas que configuraban el equipo). En 2012, Marc Orts, sonidista, se fue de vacío, pese a optar al Goya por Eva, La piel que habito y Blackthorn. Sin destino.