A partir de los 40 años muchas mujeres comienzan a experimentar cambios físicos y emocionales que con frecuencia se atribuyen simplemente al paso del tiempo. Cansancio persistente, aumento de peso sin causa aparente, alteraciones del sueño o dificultad para concentrarse suelen interpretarse como síntomas inevitables de la edad.
Durante esta fase, el cuerpo femenino atraviesa ajustes hormonales significativos. “A partir de esta etapa comienzan transiciones hormonales y metabólicas profundas”, indica Olmos. Entre los procesos más relevantes menciona las variaciones del estrógeno y cambios en la respuesta metabólica del organismo. “El estrógeno fluctúa, la sensibilidad a la insulina cambia, el sistema nervioso se vuelve más reactivo y muchas veces estos cambios no aparecen en una analítica convencional”, explica.
Para el especialista, el problema radica en que muchas mujeres solo se realizan controles básicos que pueden pasar por alto señales tempranas de desequilibrios fisiológicos. “Si no los detectas a tiempo, pierdes la oportunidad de prevenir malestares físicos, emocionales y metabólicos propios de la perimenopausia y la menopausia”, advierte.
El segundo aspecto es la metilación, un proceso bioquímico fundamental para la activación de ciertas vitaminas y para el equilibrio neurológico. “Si tu cuerpo no puede activar correctamente la vitamina B12, B6 o el ácido fólico, tu sistema nervioso y tu cerebro pueden sentirse lentos, ansiosos o agotados”, señala el médico. Esta situación, añade, puede afectar la producción y el reciclaje de neurotransmisores. En ese sentido, Olmos vincula la metilación con otros procesos internos importantes para la salud mental y metabólica. “Esto se relaciona con un mal reciclaje de neurotransmisores y detoxificación pobre”, afirma.
El tercer punto que recomienda estudiar es la disbiosis intestinal, es decir, el desequilibrio de la microbiota. Con el paso de los años, factores como el estrés, la dieta o ciertos hábitos pueden modificar la composición de la flora intestinal. “La flora intestinal cambia con los años, el estrés y la alimentación”, explica el especialista. Cuando ese equilibrio se altera, pueden aparecer síntomas digestivos y sistémicos. “Y si hay desequilibrio, aparecen síntomas como gases, hinchazón, ansiedad, intolerancias y fatiga”, añade.
Como decía Hipócrates, la salud empieza en el intestino. Este video revela la conexión vital entre tu microbiota, tu sistema inmune y tu estado de ánimo. Entiende la diferencia entre prebióticos y probióticos con una lista clara de alimentos para transformar tu salud.
El cuarto elemento es la alteración de los ritmos circadianos, el sistema biológico que regula el sueño y numerosos procesos hormonales. “Tu reloj biológico puede estar desincronizado por estrés, mala alimentación, poca exposición solar o luz artificial”, advierte Olmos. Las consecuencias de esta desregulación pueden afectar distintas áreas del bienestar físico. “Eso impacta directamente en tus hormonas, en tu sueño y en tu peso”, sostiene.