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Silicon Valley convierte la gestión de bots en su nueva obsesión: el auge de asistentes inteligentes redefine la dinámica laboral
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Silicon Valley convierte la gestión de bots en su nueva obsesión: el auge de asistentes inteligentes redefine la dinámica laboral

En Silicon Valley, la competencia ha migrado: ya no importa quién programa más horas, sino quién delega la mayor parte de su trabajo diario a su flota de asistentes de inteligencia artificial. Mientras los desarrolladores descansan o asisten a reuniones sociales, mantienen la supervisión de estos agentes virtuales con la meta de maximizar el rendimiento de las máquinas y minimizar la intervención humana.

Esta dinámica ha alterado tanto la rutina laboral como los rituales sociales de la élite tecnológica del área de la Bahía, como documentó The Wall Street Journal.

Aficionados y expertos tecnológicos, en ámbitos privados y públicos, compiten por delegar la mayor cantidad posible de tareas “rutinarias”, comparando el desempeño de sus bots en tiempo real. En este ambiente, quienes gestionan estas herramientas señalan que el punto de inflexión está en la cantidad de agentes que un usuario puede coordinar antes de perder el control del sistema.

El consenso vigente entre ingenieros y emprendedores indica que cinco agentes parece ser el máximo controlable, una cifra equivalente a los equipos humanos eficientes.

El cofundador de Notion, Simon Last, ha reemplazado la escritura manual de código: desde hace 9 meses administra cuatro asistentes virtuales y perfecciona su rol como “entrenador” de inteligencia artificial, habilidad que Notion ya reconoce como especialidad en un sistema interno de rangos.

Durante una fiesta en San Francisco, varios asistentes alternaban bebidas energéticas mientras vigilaban sus notebooks, atentos a sus “tamagotchis” digitales: los agentes digitales que ahora programan, gestionan agendas y responden correos electrónicos por sí solos.

Esta práctica genera una nueva fuente de ansiedad denominada “token anxiety”, el temor a que el bot no aproveche todo su potencial.

La expresión, acuñada por Nikunj Kothari, inversor de riesgo y experimentador nocturno en inteligencia artificial, se explica como preocupación por la eficiencia no aprovechada durante la ejecución diaria.

Esto demuestra que, en ocasiones, el control sobre los agentes puede ser limitado por comportamientos autónomos no anticipados.

En este contexto, resalta la experiencia personal de Jeff Seibert, fundador de Digits. Tras aprender a programar a los 12 años y dedicar gran parte de su vida a perfeccionar esa habilidad, afirma que ha dejado de escribir una sola línea de código desde diciembre. Hoy, solo dicta instrucciones orales a Claude Code.

Seibert reconoció en diálogo con WSJ que este cambio puede ser “deprimente” al perder un conocimiento central, aunque la capacidad para generar productos y resultados se ha incrementado notablemente.

A pesar de ello, ingenieros como Kothari y Last sostienen que ahora la escala y precisión de la automatización implica una transformación duradera.

La capacidad de gestionar agentes automáticos representa ahora, en la práctica, el principal referente de prestigio profesional dentro del sector, desplazando progresivamente a la programación manual. Los bots no requieren descanso ni motivación ni prestaciones médicas; operan durante la noche y potencian la productividad de quienes los sepan dirigir.

La supervisión continua de estas “mascotas digitales” es parte central de la cotidianeidad de quienes habitan Silicon Valley, acostumbrados a modificar sus reglas cada década.