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Geopolíticas de la incertidumbre: El arte de Tom Molloy desafía la estabilidad de los mapas políticos del siglo XXI
cultura

Geopolíticas de la incertidumbre: El arte de Tom Molloy desafía la estabilidad de los mapas políticos del siglo XXI

Cuando en 2011 el artista irlandés Tom Molloy fue invitado a participar en una muestra titulada Lines of control. Partition as a productive space (Líneas de control: la partición como un espacio productivo) en el museo de arte Herbert F. Johnson de la universidad de Cornell él eligió llevar “Borderline”. La obra consiste en un globo blanco con esmalte sobre una esfera de papel con líneas también blancas que en realidad son surcos trazados con lo que podría ser un punzón o herramienta similar. Las líneas representan los límites políticos de los países. Pero la cuestión singular de esta obra es que esas líneas aparecen borradas en algunas partes del planeta: donde hay países el globo muestra sencillamente una superficie lisa.¿A qué apunta Tom Molloy? En su portfolio coexisten dibujos esculturas e instalaciones de una notable sobriedad y sutileza formal que no obstante intensifican la dureza de los asuntos que trata sobre todo aquellos ligados al impacto humano de la geopolítica. Aquí su globo pone el énfasis en los límites.Casi 20 años después “Borderline” sigue vigente pero no sólo por las violentas acciones para ocupar territorios y redefinir fronteras sino también porque ese globo expresa bien la incertidumbre de estos tiempos y por tanto los modos en que los mapas políticos trastabillan una y otra vez.El trazado de los mapas políticos son sintomáticos del orden político mundial. Pero más que por la cuestión de límites en sí lo significativo de los mapas políticos son las lógicas que los definen. Un caso paradigmático es la Conferencia de Berlín una reunión diplomática internacional celebrada entre 1884 y 1885 convocada por el canciller alemán que tuvo el objetivo de regular la expansión colonial europea en África y evitar conflictos armados entre las potencias imperiales.En ella participaron catorce Estados –entre ellos Alemania Francia el Reino Unido Bélgica Portugal Italia y España– sin la presencia de representantes africanos. El acuerdo central estableció el principio de “ocupación efectiva”: una potencia europea podía reclamar un territorio africano cuando demostraba un control real sobre él (administración fuerzas militares infraestructura). Esto aceleró el llamado “reparto de África” legitimando la apropiación colonial mediante criterios jurídicos europeos.Desde una perspectiva histórica y geográfica crítica la Conferencia de Berlín fue clave porque institucionalizó un modo de formatear el espacio mundial desde Europa imponiendo fronteras artificiales y modelos de soberanía ajenos a las realidades locales. Suele leerse como un momento fundacional de una geopolítica colonial moderna.Al observar un mapa de África contemporáneo ciento cincuenta años más tarde todavía se puede apreciar que muchos límites están definidos por líneas rectas y geométricas que son la huella cartográfica de ese reparto colonial de África que se decidió a partir de criterios diplomáticos y abstractos más que de realidades históricas culturales o geográficas locales. Estas fronteras rectilíneas trazadas muchas veces sobre “mapas de escritorio” expresan una concepción del territorio como superficie divisible y administrable donde la línea funciona como instrumento de poder y de apropiación. La recta cartográfica no responde a sociedades existentes sino que impone un orden borrando continuidades sociales étnicas y ambientales preexistentes y materializando en el mapa una geopolítica de la dominación.Pero las líneas que dividen geografías son mucho más que un asunto cartográfico. Son más bien representaciones de indicadores de los límites de injerencia de control y soberanía de un Estado sobre el territorio que esos límites demarcan sobre su población y sobre sus recursos. Y en tanto las disputas territoriales reconfiguraron una y otra vez esos dominios las fronteras tendieron a ser variables a lo largo de la historia. Los conflictos en torno a la definición de límites huelga decirlo estuvieron y están en el centro de contiendas diplomáticas y también de enfrentamientos armados. Pero en ellos hay mucho más que territorios en disputa: se juegan formas que control intervienen alianzas (entre estados entre corporaciones) que pugnan por configurar un orden mundial. A los mapas políticos que sólo se componen de líneas les cuesta dar cuenta de estas configuraciones cambiantes a veces inciertas.¿Son tiempos inciertos? El geógrafo italiano Alessandro Ricci que ha estudiado La geografia dell’incertezza (geografía de la incertidumbre) explica que mientras que lo incierto se relaciona más con la falta de decisiones y la vaguedad la incertidumbre se define por el caos la crisis y la revolución. Con esta distinción enfatiza que la incertidumbre no es un “no saber” sino un no poder apoyarse en un orden previo una situación objetiva de desestabilización del orden son rupturas efectivas de sistemas políticos sociales o espaciales: momentos en los que las reglas existentes dejan de funcionar las jerarquías se suspenden y los marcos de referencia ya no organizan la experiencia. Dicho de otro modo la incertidumbre no se juega en el plano del significado sino en el de la estructura: emerge cuando el mundo deja de ser legible bajo las categorías heredadas y exige nuevas formas de pensamiento acción y representación.Así mientras la violencia cultural del trazado del mapa de África a finales del siglo XIX se alineaba con los sistemas de dominio territorial de su época hoy en cambio la incertidumbre de un orden convulsionado nos obliga a reconsiderar nuestras cartografías tal como las conocimos hasta hoy. En este sentido el globo de Tom Molloy es una invitación para repensar la naturaleza de los mapas políticos evitar que se limiten a trazar líneas y buscar formas para que los mapas representen también las incertidumbres.Carla Lois es investigadora de Conicet. Autora de Terrae Incognitae. Formas depensar y mapear geografías desconocidas