La fruta es uno de los alimentos más consumidos y saludables, y además es fundamental para el buen funcionamiento del cuerpo. Aunque las comemos casi todos los días, muchas veces desconocemos de dónde vienen. Un ejemplo claro de esto es el níspero.
En el caso del níspero, conocido por su color amarillo, su pulpa jugosa y su florecimiento en invierno, proviene de un árbol cuyo origen no es evidente si no se sabe de antemano: el Eriobotrya japonica. El nombre científico de esta especie hace referencia a Japón, y no por casualidad, ya que este país tuvo un rol importante en el origen de su denominación.
Aunque el árbol es originario del sudeste de China, fue introducido en Japón hace siglos y es en ese lugar en el que se cultivó extensamente. Cabe destacar que en Europa también es conocido desde hace más de 3000 años, ya que tanto griegos como romanos lo valoraban mucho por su fruto.
Al continente europeo llegó desde el sudeste de Asia, y fueron los romanos quienes comenzaron a cultivarlo en la región que hoy es Alemania. Esa presencia en tierras germánicas influyó directamente en su denominación científica: Mespilus germanica, nombre que hace referencia precisamente al lugar donde se popularizó su cultivo en la antigüedad.
Por qué el níspero europeo no se puede comer del árbol
Una de las curiosidades del níspero europeo, a diferencia del que proviene de China o Japón, es que no puede comerse directamente del árbol. Esto se debe a que, recién cosechado, es una fruta dura, áspera y con un sabor poco agradable.
Por eso se recomienda esperar a que alcance su punto justo de maduración. Cuando el fruto adquiere un aspecto casi podrido, es justamente cuando termina ablandándose, aumenta su contenido de azúcares y se transforma en una fruta dulce y agradable al gusto.
Cómo incorporar nísperos en la alimentación diaria
Además de consumirse como fruta cruda, el níspero puede incluirse en diversas recetas gastronómicas.
En cualquier caso, es importante descartar las semillas –cuatro “huesos” de color marrón que se encuentran en el interior de la fruta- ya que pueden resultar tóxicas para el organismo.