Un nuevo estudio científico demuestra que los cuervos de Yellowstone usan memoria espacial y rutas complejas de navegación para localizar alimento tras las cacerías de lobos, más allá de seguir a los depredadores de forma directa. Publicado en Science, el trabajo redefine el papel de los carroñeros y actualiza la visión sobre la inteligencia animal.
Los cuervos en el Parque Nacional de Yellowstone pueden recordar zonas donde los lobos suelen cazar presas y vuelan hacia estos lugares basándose en experiencias previas, incluso recorriendo largas distancias de hasta 155 kilómetros en un solo día. Así, no dependen únicamente de observar o seguir a los depredadores, sino de una estrategia guiada por su memoria espacial.
Para comprobar este comportamiento, los científicos utilizaron dispositivos de rastreo GPS en 69 cuervos y collares en 20 lobos durante dos años y medio de observación. Participaron equipos del Instituto de Ecología de la Fauna Silvestre de la Universidad de Medicina Veterinaria de Viena, el Instituto Max Planck de Comportamiento Animal y la Universidad de Washington, junto con las autoridades del Parque Nacional de Yellowstone.
Capturar a los cuervos supuso un reto notable para el equipo, dada su desconfianza y aguda observación, explicó el Dr. Matthias Loretto, autor principal. Para lograrlo, los expertos tuvieron que camuflar las trampas con basura y restos de comida rápida, empleando elementos que imitaban el entorno habitual de las aves.
En cuanto a los lobos, los investigadores aprovecharon el seguimiento regular con collares implantado desde la reintroducción de la especie en los años noventa. Tanto cuervos como lobos fueron estudiados principalmente durante el invierno, la temporada en que la interacción entre ambas especies es más frecuente.
Las zonas de matanza tienden a concentrarse en áreas específicas del parque, como fondos de valles planos, donde los lobos tienen mayor éxito al cazar. Los cuervos frecuentan estos puntos repetidamente, lo que indica que aprenden y memorizan los patrones de disponibilidad de alimento generados por los lobos.
Loretto agregó que, si bien ya se conocía la capacidad de los cuervos para recordar fuentes estables de comida, la novedad radica en que “también parecen aprender en qué áreas las matanzas de lobos son más frecuentes”, lo que supone una clara ventaja adaptativa.
Los investigadores no descartan que los cuervos empleen señales de corto alcance, como observar a los lobos o escuchar aullidos, para localizar presas recientes. Sin embargo, la memoria espacial y la navegación resultaron ser los factores determinantes en la búsqueda de alimento en grandes territorios.
En palabras de Loretto, los cuervos utilizan la memoria espacial y la navegación para decidir dónde buscar en primer lugar, incluso a lo largo de decenas o cientos de kilómetros. El profesor John M. Marzluff, coautor de la Universidad de Washington, resaltó la flexibilidad de los cuervos, que no se limitan a una sola manada, sino que su agudeza sensorial y su memoria les permiten aprovechar múltiples oportunidades de alimentación repartidas por el ecosistema.
Las conclusiones del estudio animan a replantear la relación simbiótica entre lobos y cuervos. El equipo investigador subraya que la inteligencia y la interacción de los carroñeros con su entorno superan las interpretaciones que la ciencia había sostenido durante años, como insistieron en Science.
El avance logrado por los científicos en Yellowstone sugiere que la inteligencia animal en la naturaleza puede ser mucho más compleja de lo que se ha creído y que varias especies podrían estar adaptándose de formas insospechadas, quedando sus capacidades subestimadas durante demasiado tiempo.