Cada vez más, en América Latina y el Caribe se utiliza la inteligencia artificial en la toma de decisiones cotidianas que afectan a millones de personas: procesos de selección de becas, subsidios, alertas de servicios sociales, identificación biométrica e incluso orientación a víctimas de violencia. Pero la IA se consolida en una región con desigualdades persistentes, y los datos que alimentan estos sistemas reflejan inevitablemente los sesgos arraigados e...