Mientras Europa ardía en las trincheras de la Primera Guerra Mundial y los diarios enumeraban a los caídos en el frente, otro enemigo —sin uniforme ni bandera— avanzaba en silencio. Llegaba en los trenes repletos de soldados, en los barcos que cruzaban el Atlántico, en el aliento compartido en fábricas y mercados. Sin ruido ni bombas, dejaba los hospitales colapsados y ciudades enlutadas. La pandemia de la gripe española provocó cerca de 50 millones de mue...